La otra historia del corset

El corset debe ser la prenda mas controversial de la historia de la moda. A menudo entendido como un “instrumento de tortura” y causa de enfermedad o muertes, es hoy universalmente condenado como instrumento de opresión de la mujer.

El discurso mainstream que todos escuchamos alguna vez es claro:

Desde la época victoriana, los corsets funcionan como aparato coercitivo patriarcal que controla a la mujer y su sexualidad. Hasta que suceden los movimientos de liberación de la mujer en los comienzos del S XX y se abandona para siempre.

¿O no?

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Actrices Lane Sisters y Gail Page protestando contra los diseñadores de vestimenta en Hollywood. Orry-Kelly, Agosto 28, 1939.

Mientras la mayoría de los historiadores enfocan el tema en términos de opresión vs liberación, moda vs salud/confort, me gustaría citar a Valerie Steele, quien entiende que las experiencias de las mujeres varian considerablemente y no pueden entenderse completamente dentro de esos marcos estrechos.

“El corsé no es una experiencia monolítica, sin cambios, que todas las mujeres desafortunadas experimentaron antes de ser liberadas por el feminismo. Fue una práctica situada que significo diferentes cosas para diferentes personas en distintos tiempos (…)”

Pensémoslo de forma similar a los tacos altos hoy en día.

Por supuesto, algunas mujeres sí experimentaron el corset como un asalto a sus cuerpos. Pero el corset tuvo muchas otras connotaciones positivas – como estatus, disciplina, aristocracia, respetabilidad, belleza, juventud, o erotismo. Para entender el significado multifacético del corset es necesario explorar sus 400 años de historia, que no fue tan simple y lineal como nos gusta pensarlo.

Es lindo imaginar una causa-efecto clara, una correlación simple entre moda y liberación. Tenemos una autopercepción de progreso directo en la que nos encontramos al final de una cadena de mejoras, en contraposición a la opresión en la época victoriana. Ganamos más libertades durante la guerra, durante los locos 1920, y terreno en 1960-70. Tenemos la satisfacción de tener más oportunidades y libertades que nunca. 

Y es verdad, en parte.

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Pero reconocer que las mujeres quizás tenían más control en su vida de lo que pensábamos durante el S XIX nos hace sentir que no llegamos tan lejos como nos gustaría, y que no somos tan libres de estándares sociales de belleza hoy, como nos pensamos que somos. 

Al mismo tiempo, la idea de “cinturas de avispa” debe ser revisada. Muchas mujeres reducían sus cinturas algunos centímetros, pero la idea del tightacing extremo por lo general representa fantasías históricas. Esto tambien lleva a cuestionarnos que los corset no pudo haber causado todas las enfermedades que se le acusan.  No es por decir que no haya tenido ninguna consecuencia médica, sino que es importante ser realista sobre las mismas y críticos con las fuentes de la época. Por ejemplo, las historias de mujeres victorianas extrayéndose costillas parecen ser enteramente míticas.

Esto también ignora las complejas políticas de género alrededor de las controversias del corset en el pasado. Dado que los opositores del corset no incluían solo mujeres sino también hombres, sobre todo desde un enfoque conservador y puritano contra la vestimenta “provocativa”. Controversialmente, muchas mujeres defendían a la corsetería, y se encuentran íntimamente relacionadas con la producción y venta de corsets. (Y todo esto, sin mencionar que algunos hombres también los usaban).

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Ilustración en “Golden thoughts on chastity and procreation. John William Gibson, 1903”. Especulación antes de rayos-x. Nótese el énfasis en criticar al corset como limitación a la procreación y rol de la mujer como madre.

No es accidental que tanto de lo que creemos del corset sea falso o exagerado.

El discurso de la moda ha tendido a enfatizar las connotaciones negativas, en especial la idea de las mujeres como “esclavas” o “víctimas” de la moda. Tradicionalmente, el subtexto de esto ha sido la idea de que las mujeres son “vanas” o “superficiales”. Más recientemente se argumenta que las mujeres fueron oprimidas por el sistema patriarcal capitalista. Esta interpretación tiende a ignorar que adornar y modificar el cuerpo precede los inicios del capitalismo, y aplica en ocasiones a hombres y mujeres.

Reduciendo a las mujeres como víctimas pasivas, los historiadores ignoran las razones por las cuales miles de mujeres permitieron que el corset siguiera en uso por tanto tiempo.

Esto me parece sobre todo importante para llegar a hablar del tema que me interesa tocar particularmente: los usos contemporáneos del corset.  Hablar de un “corset moderno” nos suena hoy como aparente contradicción: algo superado, anacronista, recesor. Cuando claramente es un tema complejo que no puede simplemente ser catalogado como “feminista” o “no feminista”.

Pero empecemos por el principio.

El mito de origen

La costumbre popular da una genealogía poco clara. El “mito de origen” del corset casi siempre incorpora temas claves. Por lo general se argumenta que comienza en el mundo antiguo, como Grecia. O alternativamente, como un dispositivo de tortura de metal atribuido a una aristocracia europea, Catherine de Medici.

Esto oscurece como la corsetería fue un fenómeno históricamente situado. Enfatizar en los orígenes antiguos del corset implican una prenda que siempre fue componente de la vestimenta “civilizada” o la cultura humana. Cuando no hay pruebas de la continuidad de los mismos. El corset como tal se desarrolla en el Renacimiento en España e Italia. Sabemos poco sobre la historia de la ropa interior en el periodo premoderno, pero es muy poco probable que el cambio se debiera a algún individuo particular. 

Para el S XV, la moda femenina europea incluye vestidos que se enlazaban por detrás para hacerlos ver más ajustados y enfatizar el pecho. Otro precursor fue la vasquina, un bodice enlazado que se adjuntaba a la falda. La primera aparece en España en el S XVI temprano, y se expande rápidamente a Italia y Francia. 

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“Virgin and Child, Jean Fouquet, 1450”. La pintura de Agnes Sorel muestra el precursor inmediato del corset como un bodice ajustado.

El primer corset auténtico data de la primer mitad del S XVI, cuando las mujeres aristocráticas comienzan a usar “whalebone bodies”, o “cuerpos de barba de ballena”. Los bodices gradualmente comienzan a incorporar materiales más rígidos, como barba de ballena o caña común. 

La denominación es interesante, porque disemina la distinción entre cuerpos de carne y las prendas empleadas sobre ellos. El rol del cuerpo, especialmente el cuerpo femenino y aristocrático, como significante se enfatiza, y había un gran prestigio. Los hombres de clases dominantes no usaban corset como tal, pero si doublettes rígidos y acolchados, ajustándose también al modelo de restriccion fisica aristocrático,que privilegiaba la rigidez y rectitud, así como las formas geométricas.

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Retrato de la Princesa Elizabeth de Inglaterra (1533-1603), fechado en 1546-47. Período fundacional de la corsetería.

Como sabemos, existía un control y disciplinamiento en la corte, sobre todo en la auto presentación. Esto iba desde la vestimenta al baile, la postura, y un largo etcétera. Si bien la libertad es un tema recurrente en el período del renacimiento, curiosamente parecía no aplicar al entrenamiento del cuerpo físico, ligado al orgullo refinado y propio comportamiento social que apoyaban el privilegio aristocrático. 

La terminología cambia de “cuerpo” a “stays”, palabra que originalmente significaba soporte, implicando que el cuerpo femenino era naturalmente débil.

Desde la edad media, la producción y venta de ropa se realizaba desde gremios, dominados por hombres. Desde 1660 algunas costureras en Francia e Inglaterra comienzan a especializarse en los corsets. Desde el S XVIII la feminización de las industrias de ropa estaba en marcha, junto con las reformas les permiten unirse a gremios, incluyendo el de sastres y corseterias. 

La revolución industrial y sociedad de consumo en el S XVIII hace la moda disponible ahora para las masas. El concepto de aristocracia era ahora la moda para el público más amplio, Una vez entendidos como gentiles, los corset pierden mucho de su prestigio inicial.

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Mujer de clase trabajadora en stays, S XVIII

Según Valerie Steele, los stays eran fuertemente asociados a la belleza erótica femenina, por ascentuar el dimofrismo sexual de las curvas; pero al mismo tiempo, contradictoriamente, también funcionaba como un símbolo de respetabilidad, porque controlaban al cuerpo, y por extensión, a las “pasiones físicas”.

Prontamente la moda se mueve hacia estilos más sueltos y simples. Para 1770 los corset franceses removieron las ballenas. Desde la Revolución Francesa dejan de ser comunes, sobre todo porque los estilos asociado a lo aristocrático eran mal vistos. En 1790 se populariza el estilo neoclásico de cintura alta y suelta, conocido como “Empire Waist”.  

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Retrato de una Mujer Joven en Blanco, c. 1798 Artista anónimo.Empire Waist neoclásico.

Sin embargo, después de esa pequeña interrupción alrededor del 1800, el corset con ballenas no solo reaparece sino que se dispersa por la sociedad. Habríamos imaginado que una vez que las mujeres soltaran sus corsets, nunca más volverían a usarlos… sin embargo lo hicieron, y en mayores números que nunca antes.

Para los fines de las Guerras Napoleónicas, alrededor de 1815, la moda de la cintura alta se desvanecía. Las cinturas a la moda volvieron a la posición original, las faldas se volvieron más grandes y los corsets con bellenas reaparecieron. La moda del período neoclásico fue recordada como una parte más del desorden y promiscuidad de la Revolución. Para el próximo siglo, la corseteria pasaría a ser un componente esencial de la moda femenina.

Significados y controversias

Historiadoras feministas argumentan que el corset del siglo XIX representa el sumiso, masoquista, ideal femenino. Y si bien fue crucial par construir la clase media victoriana, esta tesis tiene algunos aspectos no muy convincentes. Autoridades masculinas conservadoras de la época, incluyendo doctores, se opusieron al corsetería, así como una minoría vocal de las reformas de vestimenta.

Ahora… ¿por qué las mujeres aceptaban el corset? No podemos entender a la “moda” como una fuerza que causa a las mujeres a ir contra sus propios intereses.

Es verdad que en el S XIX el corset jugó un rol ambivalente. Sobre todo los ingleses creían que una “mujer bien enlazada” (strait-laced woman) implicaba que no era una desviada. Sin embargo las mujeres victorianas eran muy conscientes de que funcionaba como adjunto de la belleza femenina. Permitia expresar sexualidad de una forma socialmente aceptada. El triunfo del corset no ocurrió porque las mujeres victorianas fueran más oprimidas que sus predecesoras, sino por la revolución industrial y democratización de la moda que posibilitaron un mayor acceso.

La historia del corset desde la revolución industrial a la primer guerra mundial no es solo una moda de burguesas sino moda en general, volviéndose un fenómeno de masas. La estructura socioeconómica había cambiado, y el cuerpo aristocrático se había vuelto el ideal femenino al que las mujeres de todas las clases potencialmente aspiraban.

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“The Copper Block room at the R & WH Symington”. Fabrica de corsés en Harborough, Circa, 1900.

Estas modas no pasaron desapercibidas por sus contemporáneos. Se corrían rumores de la vanidad de las mujeres que hacían “tightlacing”, o usaban corsets demasiado ajustados. Curiosamente, siempre era otra mujer la acusada de esta práctica y nunca una misma, que siempre se presentaba como moderada. Por parte de los varones, hay caricaturas humorísticas como las de Gillray que muestran la imagen del tightlacing como una sátira política en “fashion before ease”. Algunos doctores solían criticar la práctica por alegarle desde tuberculosis hasta la histeria, mientras que otros recomendaban el uso de reducciones moderadas. Los puritanos por su parte criticaban lo provocativo de las prendas y evocaban por una vestimenta más modesta.

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Gillray, “Fashion Before Ease”, 1782-1803

Usos modernos del corset

Y ahora peguemos un salto al hoy.

El uso del corset se abandona gradualmente con el tiempo, sustituyendose por otras prendas para modelar el cuerpo – como girdes, corselettes, fajas, soutienes. Lo que sucede es que el ideal del cuerpo cambia, y por tanto cambian los métodos de obtenerlo. Aunque siempre sigue utilizándose algún u otro medio para modificarlo.

Por ejemplo, pensemos en los años 20, generalmente representado como un salto para la liberación femenina. Los estándares de belleza siguen ahí, solo que han cambiado – ser delgada, elongada, suprimiendo las curvas. Para lograr esto el girdle se extiende hacia abajo de las caderas, empleando materiales nuevos para la época.

De forma similar podemos ver, en la sucesión de modas, cómo cambian los ideales del cuerpo y las formas de lograrlos con distintas prendas que lo modifiquen.

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Girdles o Corselettes cronológicamente desde 1920 hasta 1950.

Actualmente el “mainstream” consiste en un cuerpo perfecto sin auxilio de medios externos, supuestamente natural. Este “cuento de hadas” del progreso lineal nos hace sentir mejor con nosotras mismas. Sentimos que hoy no requerimos medios artificiales para tener la figura de moda, porque es no-constreñida. Excepto que este ideal es falso. Las fajas y modeladores son muy populares. Además de ingenuo, dado que la forma “natural” del cuerpo se intenta alcanzar desde ejercicio intenso, dietas, y “restriccion invisible”. E incluso con esto muchas veces es imposible de alcanzar. Valerie Steele denomina esto como un “corset de carne”, internalizado.

Las pocas personas que usan corsés son vistas como “freaks”, y representados como tales mediáticamente. Por ejemplo, basta ver los encabezados sobre Cathie Jung, quien tiene el Guiness World Record a la cintura más pequeña. O también, el corset es asociado comúnmente con “subculturas”, a menudo también muy mal comprendidas, como la punk, gótica, o más directamente a la moda fetichista.

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Compilación de Orchard Corset, Modern Corsets vs Traditional Corsets

Con el creciente número de corseterías y personas utilizando corsets hoy en día, estos estereotipos son más visibles. Cae el juicio moral de lo opresivo, de lo anormal y de lo dañino. Y si, el valor “objetivo” feminista de una prenda es indefinible. Sin embargo el tratamiento mainstream a las mujeres de hoy que usan corsés no lo es.

¿Como podemos decir que nos importan las mujeres si priorizamos información desactualizada (y a menudo misógina) mientras desestimamos los testimonios vividos de las experiencias que comparten hoy las mujeres? Testimonios de corrección de posturaalivio de dolores crónicos, ansiedad, dimorfismo sexual, hipermovilidad, entre muchas otras. Solaced: 101 Uplifting Narratives About Corsets, Well-Being, and Hope es una compilación de experiencias de distintos usos terapéuticos, y por qué no, estéticos.

Usar corset no es promover la opresión femenina, más que hacer ejercicio o dieta para tener una figura a la moda lo es. Y hay algo en negarnos a creer que los corsés no causan daño a los órganos que me resulta sospechoso. Citando riesgos sin pruebas permite al público expresar un control socialmente aceptado sobre los cuerpos de las mujeres que transgreden estas normas. ¿O no?

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